lunes, 21 de noviembre de 2005
San Petesburgo sensations III, día cultural
Después de un "yo me pido ulti para la ducha" y un desayuno copioso en el buffet del hotel al compás de UN ARPA, el autobús partió hacia el "Catherine's palace", a una hora de viaje de la ciudad aproximadamente.
En medio de un paisaje absolutamente nevado (en mi vida había visto tanta nieve junta) se encontraba el gigantesco palacio, hecho a lo largo (de ancho sólo mide unos 60 metros) y con tanto lujo en su interior que si vendieran este y el museo Hermitage (del cual hablaré más tarde) Putin podría mearle los zapatos a Bush sin que este último dijese ni mu. Los zares tenían MUCHO dinero.
De entre las salas que hay en el interior del palacio yo destacaría la "Amber room", sala hecha completamente de ámbar, a base de pequeñas incrustaciones en la pared artesanalmente esculpidas y que dan al conjunto un colorido verdaderamente llamativo a la par que soberbio y espectacular (suena pedante, pero otra narrativa sería vulgarizar el conjunto ornamentístico
). Otra maravilla de su interior es la sala de bailes, enorme habitación recubierta en su práctica totalidad por una fina capa de oro y repleta de candelabros, espejos y lámparas imponentes, con el suelo hecho a base de madera artesanal (decir que a la entrada tuvimos que ponernos una especia de "patucos" para no dañar el suelo). Al margen de estas se encontraban salas dedicadas a las órdenes militares rusas así como la "sala azul" la "sala roja" o la "sala verde". Propio de un zar, de hecho era la residencia de verano de dicha familia.
Como curiosidad decir que dicho palacio pudo pertenecer a la famosa Anastasia, nieta del último zar Nicolás II, pero por razones no alcancé a oir del guía....no me enteré qué pasó, jaja
Del maravilloso palacio partimos rápidamente hacia el museo Hermitage, donde tuvimos que comer en 20 minutos pues ibamos con el tiempo bastante justo y los guías del museo esperaban.
Si el palacio era la pera, el museo era ya la repera en almíbar. Se trata del museo con más objetos de arte que hay en el mundo, es inmenso y se podría tardar unos días en verlo entero, lástima que sólo tuvimos un par de horas. Si el palacio de Caterina era la residencia de verano, este museo fue en su día la residencia de invierno de los zares.
Entre sus particularidades, contaba con dos originales de Da Vinci (se dice que son en los que empezó a utilizar la acuarela), un mosaico hecho con más de 20 tipos de piedra, dos tronos originales de los zares, uno de ellos enmarcado en una sala cuyo suelo había sido cuidadosamente elaborado con más de 60 tipos de madera, una sala en cuyos muros se habían empleado más de 30 kilos de oro y en cuyas lámparas había los escudos de cada una de las provincias rusas en tiempos de los zares, y además:
Un reloj único en el mundo, a simple vista parecía la figura de un pavo real dorado y enjaulado rodeado de otros animales, pero en realmente era un reloj, que en funcionamiento hace que el pavo real extienda su cola y comience a girar(para pasar de mirar hacia el interior a mirar hacia el exterior de la ventana), con un gallo igualmente dorado que a cada hora emite ciertos sonidos, y otros animales como un búho enjaulado que hacen que el conjunto, visto desde arriba parezca un reloj. Puntualizar que el espectacular pavo se encuentra sobre un montículo con setas, cuyo movimiento sirve para indicar los minutos. Alucinante
Salas posteriormente agregadas al museo contienen numerosas (y cuando digo numerosas es que pierdes la cuenta) obras de Van Gogh, Picasso, Monet, Gaughin, Rafael...impresionante.
Después de esta inyección cultural y dada la inmensa capa de nieve en el exterior, la expedición se vió envuelta en una campal batalla de nieve, pocas veces me lo he pasao tan bien, esa sensación de tener en tus manos una compacta bola de nieve, tirarla con todas tus fuerzas contra tu victima y ver cómo estalla en su cuerpo...
No tengo palabras, un día genial

En medio de un paisaje absolutamente nevado (en mi vida había visto tanta nieve junta) se encontraba el gigantesco palacio, hecho a lo largo (de ancho sólo mide unos 60 metros) y con tanto lujo en su interior que si vendieran este y el museo Hermitage (del cual hablaré más tarde) Putin podría mearle los zapatos a Bush sin que este último dijese ni mu. Los zares tenían MUCHO dinero.
De entre las salas que hay en el interior del palacio yo destacaría la "Amber room", sala hecha completamente de ámbar, a base de pequeñas incrustaciones en la pared artesanalmente esculpidas y que dan al conjunto un colorido verdaderamente llamativo a la par que soberbio y espectacular (suena pedante, pero otra narrativa sería vulgarizar el conjunto ornamentístico
). Otra maravilla de su interior es la sala de bailes, enorme habitación recubierta en su práctica totalidad por una fina capa de oro y repleta de candelabros, espejos y lámparas imponentes, con el suelo hecho a base de madera artesanal (decir que a la entrada tuvimos que ponernos una especia de "patucos" para no dañar el suelo). Al margen de estas se encontraban salas dedicadas a las órdenes militares rusas así como la "sala azul" la "sala roja" o la "sala verde". Propio de un zar, de hecho era la residencia de verano de dicha familia.
Como curiosidad decir que dicho palacio pudo pertenecer a la famosa Anastasia, nieta del último zar Nicolás II, pero por razones no alcancé a oir del guía....no me enteré qué pasó, jaja
Del maravilloso palacio partimos rápidamente hacia el museo Hermitage, donde tuvimos que comer en 20 minutos pues ibamos con el tiempo bastante justo y los guías del museo esperaban.
Si el palacio era la pera, el museo era ya la repera en almíbar. Se trata del museo con más objetos de arte que hay en el mundo, es inmenso y se podría tardar unos días en verlo entero, lástima que sólo tuvimos un par de horas. Si el palacio de Caterina era la residencia de verano, este museo fue en su día la residencia de invierno de los zares.
Entre sus particularidades, contaba con dos originales de Da Vinci (se dice que son en los que empezó a utilizar la acuarela), un mosaico hecho con más de 20 tipos de piedra, dos tronos originales de los zares, uno de ellos enmarcado en una sala cuyo suelo había sido cuidadosamente elaborado con más de 60 tipos de madera, una sala en cuyos muros se habían empleado más de 30 kilos de oro y en cuyas lámparas había los escudos de cada una de las provincias rusas en tiempos de los zares, y además:
Un reloj único en el mundo, a simple vista parecía la figura de un pavo real dorado y enjaulado rodeado de otros animales, pero en realmente era un reloj, que en funcionamiento hace que el pavo real extienda su cola y comience a girar(para pasar de mirar hacia el interior a mirar hacia el exterior de la ventana), con un gallo igualmente dorado que a cada hora emite ciertos sonidos, y otros animales como un búho enjaulado que hacen que el conjunto, visto desde arriba parezca un reloj. Puntualizar que el espectacular pavo se encuentra sobre un montículo con setas, cuyo movimiento sirve para indicar los minutos. Alucinante
Salas posteriormente agregadas al museo contienen numerosas (y cuando digo numerosas es que pierdes la cuenta) obras de Van Gogh, Picasso, Monet, Gaughin, Rafael...impresionante.
Después de esta inyección cultural y dada la inmensa capa de nieve en el exterior, la expedición se vió envuelta en una campal batalla de nieve, pocas veces me lo he pasao tan bien, esa sensación de tener en tus manos una compacta bola de nieve, tirarla con todas tus fuerzas contra tu victima y ver cómo estalla en su cuerpo...
No tengo palabras, un día genial




